
En una reciente tertulia, Lucas Carena, destacado intelectual argentino y especialista en psicología de masas, aportó su visión crítica sobre los medios de comunicación y la situación geopolítica de Argentina ante la creciente influencia del globalismo y las potencias anglosajonas. Carena, que enseña psicología social en la Universidad Católica de La Plata y es autor de varios libros sobre la acción psicológica y la revolución cultural, profundizó en los efectos que los grandes conglomerados mediáticos tienen sobre la conciencia colectiva en su país. En su discurso, destacó cómo la concentración mediática en Argentina ha determinado una agenda informativa que favorece los intereses de grandes corporaciones, en su mayoría extranjeras, lo que a su vez ha desarrollado una dependencia cultural que tiende a eclipsar la identidad hispánica.
Uno de los puntos centrales de Carena es la estructura mediática argentina, donde cuatro conglomerados concentran más de la mitad de la audiencia. Esto indica un control absoluto sobre la narrativa pública, que Carena cuestiona al afirmar que estos medios no solo deciden qué se debe pensar, sino también cuáles son los temas que deben ser relevantes para la sociedad. A través de un ejemplo claro, Carena explica cómo la influencia de estos conglomerados está alineada con los intereses del globalismo, promovido por figuras como George Soros, que busca un mundo sin identidades nacionales.
El impacto de esta estructura mediática es evidente en el descontento y la alienación que se siente en la población. Carena señaló que se presenta una falta de contenidos que despierten conciencia y sentido crítico, y en lugar de ello, hay un predominio del entretenimiento que distorsiona la realidad. Afirmó que los ciudadanos deben ser críticos y desconfiar de lo que consumen en los medios, ya que la mayoría de los programas buscan distraer más que informar.
Desde una perspectiva geopolítica, Carena expone que la situación actual de Argentina es parte de un plan mayor donde el país debería actuar como un contrapeso frente a Brasil, que ha comenzado su acercamiento a potencias como Rusia y China. Este panorama se torna más complejo considerando el ascenso del liberalismo en el gobierno de Javier Milei, a quien Carena critica por su alineación irrestricta con Estados Unidos e Israel, lo que podría conducir a una Argentina desindustrializada como resultado del esquema global de dependencia. Carena afirma que esta tendencia es consecuencia de una falta de soberanía real en el país.
El papel de las instituciones, particularmente el impacto de la masonería en la política argentina, fue otro tema de análisis. Carena explicó cómo a través de la historia, muchos presidentes argentinos han tenido vínculos con la masonería, lo que ha contribuido a la conformación de una agenda política que a menudo ha ido en línea con los intereses anglosajones. La influencia de la masonería y su agenda ha jugado un papel significativo en la modernización y el desarrollo del país, y Carena subraya que muchos de los miembros de estas logias están desconectados de la realidad del pueblo argentino y las verdaderas dinámicas de poder.
Finalmente, en una reflexión más amplia, Carena cita las enseñanzas de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural, proponiendo que para contrarrestar la influencia del anglosajonismo se necesita una contrarrevolución cultural que revitalice la identidad hispánica. Argumenta que esta guerra cultural debe iniciarse en los medios de comunicación y la educación, promoviendo una narrativa que valore la riqueza de la cultura hispánica y de la pervivencia de la fe católica.
El análisis de Lucas Carena se destaca no solo por su profundidad, sino también por ser una invitación a reflexionar sobre el papel de la identidad hispano-católica en un mundo globalizado que parece perdonar y olvidarse de sus raíces. Carena insta a los hispanos a unirse y reforzar su comunidad en la resistencia a un globalismo que busca borrar sus identidades y tradiciones.