
En una reciente tertulia, se abordó la grave alienación que sufren los países de la hispanidad, marcada por su incapacidad para percibirse, sentirse y gestionarse como una comunidad unida en la esfera internacional. Este análisis parte del argumento de que existe una ‘estupidez geopolítica’ en la forma en que estos países operan, lo que continuamente les lleva a desaprovechar las palancas que tienen para fortalecerse y a acercarse a aliados desfavorables. La falta de unidad y visión estratégica ha quedado evidenciada en el caso de los pequeños países centroamericanos, como El Salvador o Nicaragua, que, atrapados en su miniaturización geopolítica, se ven condenados a ser marionetas en la escena internacional.
Uno de los puntos cruciales de la discusión es la búsqueda de un líder que proponga un pacto por la unidad hispana, superando así la la miopía histórica que ha caracterizado la relación entre estos países. Este vacío se atribuye a factores tales como la manipulación anglo, una clase política egoísta y un individualismo innato del carácter hispano. La falta de una estrategia común ha llevado a que los políticos hispanos se nieguen a asumir la responsabilidad de mancomunar esfuerzos en el ámbito internacional.
Un evento reciente que ha puesto en evidencia esta alienación es la solicitud del expresidente Donald Trump al Pentágono para preparar planes de intervención armada en Panamá, que se ha visto como una continuación de la historia de agresiones del mundo anglo hacia la hispanidad. La invasión estadounidense de 1989, que dejó más de 6000 muertos, es un recordatorio escalofriante de que la relación con el mundo anglo siempre ha estado marcada por la violencia y la codicia. Sin embargo, la falta de respuesta contundente por parte de la comunidad hispana ante estas agresiones indica una desconexión alarmante.
La narrativa sobre Panamá es central en la discusión, ya que se destaca que este pequeño país es un enclave geoestratégico vital. Se menciona que el canal de Panamá maneja anualmente alrededor de 14,000 barcos, siendo crucial para la economía de Estados Unidos, y su pérdida como dominio hispano sería un golpe devastador para la comunidad de 600 millones de hispanos. La discusión plantea que los países hispanos deben asumir la defensa de Panamá y no dejar su protección a una nación de pocos millones como Panamá.
La venta reciente de los puertos de Cristóbal y Balboa a Black Rock, un gigante estadounidense, también subraya la peligrosa dependencia de Panamá de los intereses anglosajones. La transacción ha generado dudas sobre la soberanía y la seguridad de la nación, con el riesgo de que ese dominio afecte la circulación de mercancías de otras naciones rivales, como China.
Históricamente, Estados Unidos ha mostrado un patrón de intervención en Panamá que incluye desde el apoyo a la separación del país de Colombia hasta la intervención militar directa, lo que subraya su interés estratégico en la región. La narrativa expone un ciclo de dominio que los países hispanos deben romper para evitar caer nuevamente en el abismo de la dependencia y la pobreza.
Finalmente, se plantean visiones hacia el futuro. La posibilidad de un liderazgo sólido en el mundo hispano que pueda consolidar la unión y construir un futuro autosuficiente es presentada como una esperanza realizable. Se cuestiona el papel de la imaginación y el deseo de libertad, instando a los países hispanos a visualizar un futuro donde la defensa y prosperidad de Panamá y de la hispanidad sean un objetivo común. La necesidad de sanar las heridas del pasado y evitar consecuencias nefastas en el presente son claves para forjar un nuevo camino hacia la unidad, basado en el reconocimiento y la protección mutua.