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Hispanoamérica · Análisis propio

Trump y el petróleo de Venezuela: la Doctrina Monroe en su versión más descarnada

Las palabras del expresidente estadounidense, vinculando la relación con Caracas a la extracción de crudo barato y sin descartar una base militar, exponen un paradigma de dominación que interpela a toda la Hispanidad.

Redacción de HispaUnidad · 3 de octubre de 2026

Trump y el petróleo de Venezuela: la Doctrina Monroe en su versión más descarnada
Ilustración generada por HispaUnidad

El expresidente Donald Trump ha vuelto a demostrar que su visión de la política exterior carece de los ambages diplomáticos habituales. Preguntado sobre la posibilidad de instalar una base militar estadounidense en Venezuela o en otro punto de Sudamérica, su respuesta fue una reveladora mezcla de ambigüedad estratégica y sinceridad económica. “Estamos considerando hacer muchas cosas”, afirmó, para vincular de inmediato la cuestión a la explotación de los recursos energéticos venezolanos: “Nos estamos llevando muy bien […] Estamos obteniendo mucho petróleo y tenemos una gran relación”.

Estas declaraciones, más que un exabrupto, constituyen la formulación más honesta y descarnada de la política de Washington hacia la América hispana, una suerte de “Doctrina Donroe”, como la han denominado algunos analistas en referencia a la histórica Doctrina Monroe de 1823. Si aquella proclamaba “América para los americanos” como un dique frente al colonialismo europeo, su versión contemporánea parece traducirse en “los recursos de Hispanoamérica para los Estados Unidos”. La frase de Trump sobre su intención de llenar las reservas estratégicas de su país con “petróleo venezolano por muy poco dinero” es la prueba palmaria de esta lógica puramente extractiva y transaccional.

El asunto trasciende a Venezuela y debe ser interpretado como una advertencia para todo el continente hispanoamericano. La idea de una base militar en Sudamérica, un continente que actualmente no alberga ninguna instalación de este tipo, reabre viejas heridas y confirma un patrón histórico de intervencionismo. Desde la imposición de la Enmienda Platt a Cuba, que condujo a la base de Guantánamo, hasta el control del Canal de Panamá durante un siglo o el apoyo a regímenes afines a sus intereses económicos, la presencia de la Anglosfera en la región ha estado a menudo ligada a la subordinación de la soberanía hispana a los intereses de Washington.

Las palabras de Trump exponen con crudeza una visión del mundo que reduce a las naciones a meros proveedores de materias primas. Esta concepción choca frontalmente con los principios del bien común y la dignidad soberana de los pueblos, pilares de la tradición jurídica y cultural hispánica que hunden sus raíces en el derecho de gentes de la Escuela de Salamanca. La propuesta no es de cooperación entre iguales, sino de sometimiento a cambio de una supuesta estabilidad tutelada. Se ofrece una relación en la que una parte obtiene recursos a bajo coste mientras la otra cede parcelas de su soberanía, en este caso simbolizada por la posible presencia militar extranjera en su suelo.

Este episodio evidencia, una vez más, la vulnerabilidad de una Hispanidad fragmentada. La incapacidad de los países hispanoamericanos para articular un frente común y una voz única en el escenario global los convierte en piezas aisladas, más fáciles de presionar y cortejar individualmente. Ante una potencia que declara sin rodeos su intención de adquirir recursos “por muy poco dinero”, la desunión de los líderes hispanos se revela no solo como una carencia estratégica, sino como una dejación de su responsabilidad histórica para con sus pueblos. La falta de un proyecto de integración profundo y efectivo deja a cada país a merced de la negociación bilateral con gigantes globales, una asimetría que casi siempre juega en contra del más débil.

El retorno de un lenguaje imperial, desprovisto de cualquier barniz multilateralista, debería servir como catalizador para la reflexión en todo el mundo hispano. No se trata de un simple asunto entre Washington y Caracas, sino de la vigencia de un modelo de relaciones internacionales que se creía superado. La disyuntiva para la Hispanidad es clara: o profundiza sus lazos de hermandad y cooperación para defender en bloque su dignidad y sus intereses, o se resigna a que su destino sea dictado por la sed de recursos de potencias extranjeras.

Por qué importa a la Hispanidad

Las declaraciones de Trump no son un hecho aislado sobre Venezuela; son un recordatorio para los 20 países hispanos de que su soberanía y sus recursos naturales están en el punto de mira de las grandes potencias. Este episodio evidencia que solo una mayor unidad y cooperación en el seno de la Hispanidad puede servir de contrapeso a las ambiciones neocoloniales, reafirmando la necesidad de un proyecto común para defender los intereses compartidos.

Claves

  • 1La política exterior de Trump hacia Hispanoamérica se define por un crudo transaccionalismo: recursos naturales a cambio de relaciones favorables.
  • 2La posibilidad de una base militar en Sudamérica actualiza el histórico intervencionismo estadounidense y su Doctrina Monroe.
  • 3Las palabras del expresidente revelan una visión de los países hispanos como meros proveedores de materias primas, no como socios iguales.
  • 4La situación subraya la debilidad estratégica de una Hispanidad fragmentada y la inacción de sus líderes para forjar un frente común.

Fuentes consultadas