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Internacional · Análisis propio

Trump bautiza la 'superinteligencia': la Anglosfera impone su relato tecnológico

Una orden ejecutiva de la Casa Blanca renombra la inteligencia artificial como "superinteligencia". Más que un cambio semántico, es un acto de poder narrativo que consolida el liderazgo de EE. UU. mientras la Hispanidad permanece al margen de la definición de su propio futuro digital.

Redacción de HispaUnidad · 30 de septiembre de 2026

Trump bautiza la 'superinteligencia': la Anglosfera impone su relato tecnológico
Ilustración generada por HispaUnidad

La estrategia de dominio tecnológico de la Anglosfera ha dado un paso más, esta vez en el campo de la semántica y el poder simbólico. Tras la reciente cumbre entre el presidente Donald Trump y los gigantes de Silicon Valley para pactar una autorregulación, la Casa Blanca ha emitido una orden ejecutiva para que toda la administración federal de Estados Unidos sustituya el término "inteligencia artificial" (IA) por "superinteligencia" (SI). El decreto no es una anécdota, sino la consagración oficial de un nuevo marco narrativo diseñado para moldear la percepción global de esta tecnología.

Este movimiento consolida la visión de Washington: la carrera por la IA, ahora SI, es una competencia geopolítica existencial, principalmente contra China, en la que, en palabras del propio Trump, "habrá un ganador y un perdedor, sin un segundo lugar". Al rebautizar la tecnología, se le despoja de su carácter técnico y potencialmente falible —"artificial"— y se le inviste de una cualidad casi trascendente. "Superinteligencia" evoca poder, superioridad y un horizonte que va más allá de lo meramente humano, un concepto que resuena con la tradición cultural anglosajona del "Destino Manifiesto", ahora reencarnado en clave digital.

La construcción de este relato se produce en un círculo cerrado. El debate sobre los riesgos, las oportunidades y la propia definición de la tecnología se dirime entre la Casa Blanca, las corporaciones de California y los centros de pensamiento de la Anglosfera. Los firmantes del acuerdo de autorregulación —Google, Meta, OpenAI, Anthropic, Nvidia y xAI— constituyen el nuevo oligopolio que, en alianza con el poder político, definirá las reglas del juego para el resto del mundo. El objetivo, según la propia orden ejecutiva, es acelerar el uso de estos sistemas en áreas estratégicas como la ciencia, la medicina o la energía, asegurando la primacía estadounidense.

Mientras tanto, la Hispanidad asiste como espectadora a esta reconfiguración del poder mundial. Los cerca de 600 millones de hispanohablantes, repartidos en veinte naciones soberanas, carecen de una voz unificada, de una estrategia común y, lo que es más grave, de un debate público profundo sobre cómo esta revolución afectará a sus sociedades. La pasividad de los liderazgos hispanoamericanos ante este desafío es alarmante. La ausencia de un proyecto propio condena al continente hispano a una nueva era de dependencia, no ya de materias primas, sino de infraestructuras cognitivas y culturales importadas.

Este escenario repite patrones históricos. Al igual que en la Revolución Industrial o en la era de internet, quien controla la tecnología y su narrativa impone su visión del mundo. La adopción acrítica de la terminología y los marcos conceptuales de la Anglosfera no es un acto neutro; implica la importación de sus valores subyacentes: un individualismo competitivo, un utilitarismo radical y una visión del progreso a menudo desvinculada del bien común y de la dignidad intrínseca de la persona humana. La propia idea de "superinteligencia" coquetea con ambiciones transhumanistas que chocan frontalmente con la raíz antropológica y cristiana de la cultura hispánica, centrada en la persona y su comunidad, no en su superación tecnológica.

El desafío para la Hispanidad es mayúsculo y urgente. No se trata solo de crear empresas tecnológicas competitivas, sino de articular un pensamiento propio sobre la tecnología. Se necesita una reflexión que, bebiendo de la rica tradición jurídica y filosófica hispana —desde la Escuela de Salamanca hasta hoy—, ponga a la persona y el bien común en el centro del desarrollo tecnológico. Sin una visión soberana y una acción coordinada, Hispanoamérica corre el riesgo de convertirse en un mero mercado de consumo y en una fuente de datos para alimentar las "superinteligencias" ajenas, profundizando una brecha que no es solo económica, sino también civilizatoria.

Por qué importa a la Hispanidad

La imposición del término "superinteligencia" por parte de EE. UU. es un acto de soberanía narrativa que define las reglas del futuro tecnológico. La ausencia de una respuesta coordinada por parte de la Hispanidad la relega a un papel de consumidor pasivo, arriesgando una nueva forma de colonialismo digital y una profunda dependencia cultural.

Claves

  • 1La orden de Trump de usar "superinteligencia" es una estrategia para controlar el relato global sobre la IA y afianzar el liderazgo de EE. UU.
  • 2Este cambio semántico busca dotar a la tecnología de un aura de poder y superioridad, alineándose con la visión competitiva de la Anglosfera.
  • 3La Hispanidad carece de una estrategia común y permanece ausente del debate, lo que amenaza su soberanía digital y su identidad cultural.
  • 4Frente al enfoque tecnocrático anglosajón, el mundo hispano tiene el reto de proponer un modelo tecnológico centrado en la dignidad humana y el bien común.

Fuentes consultadas