Internacional · Análisis propio
Todos los Santos frente a Halloween: la memoria hispana ante el consumo global
El Canal del Coronel analiza la manufactura comercial de las fiestas anglosajonas frente a la solemnidad comunitaria que une a España e Hispanoamérica.
Redacción de HispaUnidad · 31 de octubre de 2026

La progresiva sustitución de las conmemoraciones tradicionales de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos por el formato comercial de Halloween constituye uno de los ejemplos más evidentes de penetración cultural en el mundo hispánico. Lejos de responder a una evolución natural de las costumbres populares, este proceso responde a una cuidada estrategia mercantil nacida en el seno de la industria del ocio estadounidense durante el siglo XX. Así lo pone de relieve un análisis emitido por El Canal del Coronel, conducido por Pedro Baños, en el que la historiadora Margarita Torres desmonta el mito fundacional de esta festividad y rastrea cómo un rito cristiano de caridad y sufragio fue transformado en un catálogo de consumo masivo.
Según explica Torres en el citado espacio, las raíces de la conmemoración de difuntos hunden sus cimientos en la Roma cristiana y en las reformas monásticas europeas. Desde la consagración del Panteón de Agripa en el siglo VII bajo el papa Bonifacio IV hasta la fijación litúrgica del 2 de noviembre impulsada por san Odilón de Cluny en el año 998, la civilización europea configuró un espacio sagrado para recordar a los mártires y rezar por los antepasados. Incluso la costumbre infantil de recorrer vecindarios, conocida originariamente en las islas británicas como "guising", consistía en solicitar limosnas o los tradicionales panes de almas a cambio de plegarias por las almas de los fallecidos. Como subraya la historiadora, no fue hasta las décadas centrales del siglo XX cuando corporaciones estadounidenses como Dennison Manufacturing o Ben Cooper reconvirtieron aquellas prácticas tradicionales en un lucrativo negocio basado en disfraces seriados, golosinas y motivos macabros, documentándose fórmulas como el "truco o trato" apenas en el primer tercio de dicha centuria.
En España e Hispanoamérica, sin embargo, el tratamiento de la muerte y el recuerdo de los difuntos ha poseído históricamente una densidad espiritual y comunitaria muy diferente. Desde los altares mestizos de México hasta las visitas a los camposantos en Castilla, el Caribe, Colombia o los Andes, la Hispanidad ha vivido estas jornadas no como una fiesta del miedo ni una trivialización del espanto, sino como una afirmación de la continuidad entre los vivos y los muertos sustentada en la comunión de los santos. El arraigo familiar, la limpieza de las sepulturas, la floricultura local y la reunión doméstica en torno a dulces tradicionales han sido la expresión tangible de una sociedad que respeta la dignidad inalienable de sus predecesores y contempla la muerte con serenidad trascendente.
Frente a este vasto patrimonio inmaterial compartido, la anglosfera cultural y publicitaria ha desplegado una maquinaria depredadora orientada al desarraigo. Al despojar a la festividad de su sentido trascendente y sustituirla por una caricatura grotesca, se impone un individualismo alienante que corta los lazos intergeneracionales y debilita la memoria histórica. Esta homogeneización mercantil opera como un vector de deshispanización silenciosa, donde las pautas de consumo global barren la especificidad cultural y espiritual de las comunidades locales en ambas orillas del Atlántico.
Resulta ineludible señalar, a este respecto, la flagrante inacción de los gobernantes de los países hispanos. Los ministerios de Cultura y Educación a lo largo de todo el continente hispanoamericano y en la península ibérica han asistido con pasividad pasmosa a esta colonización comercial, adoptándola con frecuencia en escuelas y organismos públicos sin articular la menor defensa coordinada del acervo propio. La Hispanidad cuenta con recursos simbólicos, literarios y antropológicos infinitamente más ricos y profundos para abordar el misterio de la finitud humana; reivindicarlos frente a la banalización del mercado es un deber elemental de soberanía cultural.

Por qué importa a la Hispanidad
La conmemoración de los difuntos es uno de los lazos culturales y espirituales más sólidos que articulan la identidad compartida entre España e Hispanoamérica. Frente a las imposiciones mercantiles de la industria del ocio anglosajona, salvaguardar estas tradiciones fortalece la memoria comunitaria, la dignidad de la persona y la soberanía cultural del conjunto de los pueblos hispanohablantes.
Claves
- 1La historiadora Margarita Torres expone en El Canal del Coronel el origen eclesiástico de Difuntos y desmonta la supuesta antigüedad milenaria del Halloween comercial.
- 2Las industrias de consumo estadounidenses transformaron en el siglo XX las colectas de caridad tradicionales en un modelo masivo de ocio desvinculado de la fe.
- 3El orbe hispánico conserva en sus camposantos y tradiciones familiares una visión comunitaria y trascendente de la muerte ajena a la banalización mercantil.
- 4La pasividad institucional de los gobiernos hispanos facilita la penetración del desarraigo cultural promovido desde la anglosfera.
