Hispanoamérica · Análisis propio
Soberanía agraria andina: agricultores colombianos incorporan la ciencia peruana de la papa
Campesinos de Boyacá se capacitan en Lima y Cusco en técnicas aeropónicas y mejoramiento de semillas. La transferencia técnica entre Colombia y Perú ejemplifica el potencial integrador del agro hispanoamericano.
Redacción de HispaUnidad · 4 de noviembre de 2026

Una delegación de agricultores procedentes del municipio de Tutazá, en el departamento colombiano de Boyacá, ha concluido una estancia técnica en Lima y Cusco con el objetivo de incorporar metodologías de vanguardia en la producción de semillas de papa. La comitiva, integrada por miembros de la asociación Coagros, participó en el programa bilateral «Fortalecimiento de la cadena productiva de la papa en el departamento de Boyacá y Perú», coordinado por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) del país andino.
Durante su itinerario en la capital peruana, los productores conocieron los trabajos desarrollados en la sede central del INIA en La Molina, enfocados en la bioseguridad, el análisis de suelos y la conservación de recursos fitogenéticos. Posteriormente, la formación se trasladó a la Estación Experimental Agraria Andenes, en Cusco, donde profundizaron en el manejo del cultivo aeropónico —sistema en el que las raíces reciben nutrientes suspendidas en el aire— y en el empleo de semillas biofortificadas capaces de resistir alteraciones climáticas severas.
Este encuentro adquiere un valor que trasciende lo meramente agronómico al inscribirse en la geografía humana y cultural de la cordillera andina. La papa, domesticada originariamente en estas alturas y legada por el mundo virreinal hispano a la alimentación global, constituye la base material de miles de comunidades rurales. En Boyacá, al igual que en las serranías peruanas, el cultivo del tubérculo no responde a una lógica de explotación extractiva despersonalizada, sino a una economía campesina sostenida por la familia, el arraigo a la tierra y el trabajo comunitario. Desde una visión que reconoce la dignidad del trabajador rural y el principio de subsidiariedad, asegurar la viabilidad técnica y económica de estos pequeños propietarios resulta indispensable para salvaguardar el tejido social frente al desarraigo.
Sin embargo, la realidad de los agricultores hispanoamericanos se enfrenta de forma recurrente a la presión de los consorcios agroindustriales promovidos desde la anglosfera. Mientras corporaciones de Estados Unidos y fondos de inversión vinculados a centros financieros como la City de Londres imponen paquetes tecnológicos cerrados —sustentados en patentes de semillas híbridas y una gravosa dependencia de agroquímicos importados—, proyectos como el del INIA rescatan el patrimonio genético autóctono. El desarrollo de variedades nativas mejoradas en laboratorios públicos hispanos opera como un escudo indispensable frente a la pretensión de supeditar la soberanía alimentaria a monopolios foráneos.
Pese a lo positivo de este intercambio, la experiencia también evidencia la inacción estructural de los gobiernos de la región. Resulta sintomático que una cooperación tan lógica entre dos territorios que comparten ecosistemas, historia y cultivos estratégicos dependa de convenios puntuales entre una cooperativa boyacense y un organismo técnico vecino, en vez de articularse dentro de una política agraria hispanoamericana de largo alcance. Los mandatarios del continente suelen priorizar declaraciones diplomáticas de escaso impacto práctico antes que erigir consorcios científicos permanentes que conecten las cuencas agrícolas desde México hasta el Cono Sur.
El hermanamiento técnico entre los campesinos de Boyacá y los especialistas de Cusco demuestra que el espacio hispanoamericano dispone de la capacidad científica y comunitaria para resolver sus propios desafíos de abastecimiento. Para consolidar esa independencia, resulta urgente que los gobernantes abandonen la pasividad y doten de dimensión continental a la protección del trabajo rural y de los recursos nativos.

Por qué importa a la Hispanidad
El intercambio técnico entre Colombia y Perú fortalece el aprovechamiento de la biodiversidad andina frente a la dependencia comercial de patentes e insumos foráneos. Asimismo, pone de relieve la necesidad de que los países hispanoamericanos coordinen políticas científicas comunes para proteger a sus familias campesinas y asegurar su soberanía alimentaria.
Claves
- 1Productores de la cooperativa Coagros de Boyacá recibieron capacitación técnica en Lima y Cusco en sistemas aeropónicos y bioseguridad del cultivo de la papa.
- 2El Instituto Nacional de Innovación Agraria de Perú promueve el uso de semillas biofortificadas y adaptadas al cambio climático a partir de la riqueza genética andina.
- 3El proyecto evidencia el potencial de la cooperación científica hispanoamericana frente a la dependencia de patentes agroindustriales impulsadas por la anglosfera.
- 4La falta de un marco institucional integral entre los gobiernos hispanos relega estas alianzas productivas a iniciativas puntuales y descentralizadas.
