Internacional · Análisis propio
Ormuz: la ley del cañón y el silencio hispanoamericano
La destrucción de petroleros por Estados Unidos y la réplica iraní no solo amenazan la economía. Liquidan las normas del derecho internacional, dejando a las naciones hispanas a la intemperie en un mundo regido por la fuerza.
Redacción de HispaUnidad · 9 de septiembre de 2026

La escalada en el estrecho de Ormuz ha cruzado un umbral crítico. Ya no se trata de una guerra encubierta o de ataques por delegación. El Mando Central de Estados Unidos ha confirmado la destrucción de cinco petroleros iraníes, y la Guardia Revolucionaria de Irán ha respondido con ataques de misiles balísticos contra destructores de la Armada estadounidense y una base en Jordania. El intercambio de fuego directo entre dos Estados soberanos marca un punto de no retorno, donde la diplomacia es sustituida por el lenguaje de los proyectiles.
Este nuevo capítulo supera la mera constatación de la vulnerabilidad económica de Hispanoamérica, que ya analizamos en estas páginas. La subida del precio del crudo es solo el síntoma más visible. La verdadera enfermedad que esta crisis revela es la desintegración del orden internacional basado en normas, un sistema que, con todas sus imperfecciones, ofrecía un mínimo amparo a las naciones sin el poder militar de las grandes potencias.
Que una superpotencia, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, se arrogue el derecho a hundir la flota comercial de otro país en tiempo de paz —aunque sea una paz tensa— nos retrotrae a la diplomacia del cañonero del siglo XIX. Es la negación explícita del principio de soberanía y de las leyes que regulan el comercio y la navegación. Si este precedente se consolida, ¿qué impide que mañana se aplique una coerción similar contra cualquier país cuyos recursos o políticas se consideren un obstáculo para los intereses de un poder mayor?
Resulta dolorosamente irónico que esta regresión a la ley de la selva se produzca en un mundo que debe al pensamiento hispánico sus primeros balbuceos de un derecho de gentes. Fue la Escuela de Salamanca, con figuras como Francisco de Vitoria, la que sentó las bases de una comunidad internacional de Estados soberanos, con derechos y deberes mutuos, incluso en la guerra. Esa visión, que buscaba someter el poder a la razón y a la justicia, es la que hoy se bombardea en las aguas del golfo Pérsico. El pragmatismo brutal de la anglosfera, que subordina el derecho a sus intereses estratégicos y comerciales, se impone sin contrapesos.
La política exterior estadounidense, a menudo envuelta en el lenguaje providencialista de la libertad y la democracia, exhibe aquí su núcleo imperial. Es una política que genera una inestabilidad cuyos costes —humanos y económicos— pagan otros. Para Hispanoamérica, la lección es directa y amarga. La amenaza iraní de atacar petroleros en Kuwait y Baréin demuestra que la lógica de la escalada se expande como una mancha de aceite, sin respetar fronteras. La declaración del senador estadounidense Marco Rubio, que desde Colombia amenazó a Irán con seguir destruyendo sus buques, ilustra cómo el continente hispanoamericano es usado como escenario para la proyección de la fuerza de Washington, pero nunca como interlocutor en la toma de decisiones.
Ante este panorama, la inacción de los liderazgos hispanoamericanos es desoladora. No se alza una voz coordinada para exigir la desescalada, para defender el derecho internacional o para proponer una mediación. Las cancillerías callan o, a lo sumo, emiten comunicados genéricos que eluden la raíz del problema. La Comunidad Iberoamericana de Naciones parece ausente. Esta pasividad no es neutralidad; es una declaración de irrelevancia estratégica que invita a que los intereses de los casi 600 millones de hispanohablantes sean ignorados en las mesas donde se decide la paz o la guerra.
El humo que se eleva sobre Ormuz es, por tanto, una advertencia existencial. En un mundo donde las normas colapsan y solo cuenta el poder duro, la fragmentación es un lujo que las naciones hispanas no pueden permitirse. La unidad deja de ser un ideal romántico para convertirse en una necesidad imperiosa para la supervivencia de la soberanía.

Por qué importa a la Hispanidad
Esta crisis no es un conflicto lejano sobre el petróleo. Es el desmantelamiento en directo del orden legal internacional que protege a los Estados soberanos. Para la Hispanidad, que carece de poder militar para imponerse, la vigencia del derecho no es una opción, sino una condición de existencia. Su quiebra nos deja a merced de la voluntad de las grandes potencias.
Claves
- 1La escalada militar entre EE.UU. e Irán ha pasado a una fase de confrontación directa entre Estados.
- 2La destrucción de buques comerciales por una potencia mundial socava los cimientos del derecho internacional.
- 3El precedente de la "ley del más fuerte" amenaza directamente la soberanía de las naciones hispanoamericanas.
- 4La ausencia de una respuesta conjunta de los países hispanos evidencia una debilidad diplomática en un escenario global cada vez más peligroso.
