Internacional · Análisis propio
Marcelo Gullo y las raíces de la Hispanidad: una defensa frente a la leyenda negra
El pensador argentino articula una defensa de la herencia española en América, contrastando el proyecto de mestizaje y evangelización con el modelo de exclusión de otras potencias imperiales.
Redacción de HispaUnidad · 18 de septiembre de 2026

En un panorama intelectual a menudo dominado por la autocrítica y la asunción de relatos ajenos, la obra del académico argentino Marcelo Gullo emerge como un contrapunto riguroso y articulado. Sus trabajos, especialmente su trilogía iniciada con "Madre Patria", no se limitan a una simple refutación de la leyenda negra, sino que proponen un rearme identitario para el mundo hispano basado en una comprensión profunda de sus fundamentos históricos y teológicos.
Gullo sostiene que la leyenda negra no es un relato histórico objetivo, sino una sofisticada operación de propaganda bélica concebida por los enemigos de España. Argumenta que su origen se remonta a la envidia de las repúblicas italianas, pero que adquiere su virulencia política y religiosa con la Reforma protestante en Alemania. Se convierte, según su análisis, en un "tiro por elevación contra el catolicismo", para luego ser adoptada como política de Estado por Holanda e Inglaterra. Este último, el Imperio británico, la habría utilizado con maestría para persuadir a las élites hispanoamericanas de que la ruptura con España era un imperativo moral y económico, sembrando así las semillas de la fragmentación.
El núcleo del método de Gullo no es la defensa aislada, sino la comparación. En su libro "Nada por lo que pedir perdón", somete a España a un juicio histórico, pero coloca en el banquillo también a sus acusadores. El autor expone lo que califica como una política sistemática de exterminio de la población nativa por parte de los colonos ingleses en América del Norte, resumida en la frase "el mejor indio es el indio muerto". Aporta datos como el hecho de que los indígenas no fueron considerados ciudadanos estadounidenses hasta 1922, no pudieron votar libremente hasta 1945 y no gozaron de plena libertad religiosa hasta una ley firmada durante la presidencia de Barack Obama. Este patrón de segregación y aniquilación, argumenta, se diferencia radicalmente del modelo hispano.
La tesis más profunda de Gullo reside en la raíz teológica que, según él, explica estas dos formas antagónicas de encontrarse con el Nuevo Mundo. Por un lado, sitúa el modelo anglosajón, influido por ciertas interpretaciones del calvinismo. La doctrina de la predestinación —la idea de que solo unos pocos elegidos se salvan— y la noción de Inglaterra como el "nuevo pueblo elegido" habrían conducido, en su visión, a un racismo institucional. Si los nativos no forman parte de los elegidos y no pueden ser redimidos, no hay obligación de evangelizarlos ni de mezclarse con ellos, sino un mandato implícito de desplazarlos o eliminarlos para ocupar la "tierra prometida". El caso de Thomas Jefferson, quien tuvo siete hijos con una esclava sin reconocer a ninguno, es para Gullo el paradigma de esta mentalidad: la relación sexual no implicaba igualdad ni mestizaje, sino dominación.
Frente a este modelo, Gullo expone el hispano-católico. Partiendo de la premisa teológica de que el pecado original hiere pero no aniquila la naturaleza humana, todos los hombres son redimibles. Esto impone un deber moral de evangelización. La Corona española, con Isabel la Católica a la cabeza, asume esta tarea como la principal justificación de su presencia en América. De esta visión se deriva una política de Estado que no solo no prohíbe, sino que fomenta la unión entre españoles e indígenas. El resultado es el mestizaje, la característica demográfica fundamental de la América hispana. Gullo lo ilustra con el ejemplo opuesto a Jefferson: Hernán Cortés, quien no solo reconoció a su hijo mestizo, Martín, sino que se esforzó hasta lograr que fuera nombrado caballero de la Orden de Santiago, el máximo honor social de la época.
Finalmente, el autor desafía la idea de una evangelización impuesta por la fuerza. Sostiene que la conversión de millones de indígenas fue un acto voluntario, una liberación de cosmogonías opresivas como la de los aztecas, que según algunas crónicas exigían decenas de miles de sacrificios humanos anuales. Los misioneros, aprendiendo las lenguas locales y utilizando métodos pedagógicos como el teatro y la música, ofrecieron un Dios de amor y misericordia que contrastaba con los dioses del terror. La obra de Gullo, en definitiva, no es una apología acrítica, sino una invitación a que la Hispanidad se reconcilie con su propia historia para construir un futuro común sobre cimientos más sólidos y veraces, superando una narrativa de autoodio que solo beneficia a quienes prefieren un continente hispanoamericano fragmentado y debilitado.

Por qué importa a la Hispanidad
La obra de Gullo ofrece un rearme intelectual para los hispanohablantes, permitiendo superar complejos históricos y fortalecer la conciencia de una comunidad cultural con un proyecto civilizatorio propio. Comprender estas raíces es fundamental para afrontar los desafíos del presente con una identidad sólida y unificada, y cuestiona la pasividad de los liderazgos hispanos a la hora de promover una narrativa común.
Claves
- 1La leyenda negra es presentada como una herramienta política de potencias rivales, no como un relato histórico objetivo.
- 2El modelo hispano-católico de evangelización y mestizaje se contrapone al anglosajón de exclusión y exterminio.
- 3Las divergencias teológicas entre el catolicismo y el protestantismo calvinista explican los distintos modelos de colonización.
- 4Recuperar esta historia es clave para forjar una identidad hispánica compartida y superar la fragmentación actual.
