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Internacional · Análisis propio

Malvinas: Argentina eleva el tono mientras EE. UU. juega a dos bandas

El cruce entre Argentina y Reino Unido en la ONU revela el interés de Washington, que usa la causa como palanca geopolítica sin respaldar la soberanía hispanoamericana.

Redacción de HispaUnidad · 23 de septiembre de 2026

Malvinas: Argentina eleva el tono mientras EE. UU. juega a dos bandas
Ilustración generada por HispaUnidad

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido escenario de una renovada escalada verbal en la Cuestión Malvinas. El primer ministro británico, Andy Burnham, enmarcó la defensa de la soberanía británica sobre el archipiélago como parte de una defensa global del “orden de la ley”, equiparando implícitamente el reclamo argentino con otras amenazas internacionales. La respuesta no se hizo esperar: el canciller argentino, Pablo Quirno, ejerció su derecho a réplica para reafirmar la “plena disposición a reanudar negociaciones bilaterales” y denunciar la ocupación ilegal que data de 1833, cuando “fuerzas del Reino Unido ocuparon las Islas Malvinas quebrantando la integridad territorial del país”.

Este intercambio no es una mera formalidad diplomática. Se produce en un contexto donde el gobierno de Javier Milei ha decidido endurecer su postura, impulsando sanciones contra empresas que operan en la zona sin autorización argentina y enviando al Congreso un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. La firmeza argentina, que el propio presidente se espera que reitere en su discurso, contrasta con la calculada ambigüedad de la principal potencia hemisférica, Estados Unidos.

El episodio pone a prueba la tesis de un supuesto giro en la política exterior estadounidense, que priorizaría su hegemonía en el continente sobre su tradicional alianza con Londres. Los hechos, sin embargo, dibujan un panorama más complejo y menos favorable a los intereses hispanoamericanos. El presidente Donald Trump ha insinuado que podría revisar el apoyo a Gran Bretaña, pero lo utiliza como una herramienta de presión para que el Reino Unido aumente su gasto en la OTAN. No es un gesto de apoyo a la descolonización, sino una ficha en su propio tablero geopolítico.

En este escenario, la reunión del presidente Milei con el influyente secretario de Estado Marco Rubio en Nueva York es reveladora. El encuentro se centró en la alianza estratégica en seguridad y, crucialmente, en el acceso a “minerales críticos” argentinos. Washington no ve en la Cuestión Malvinas una causa de justicia histórica, sino una oportunidad para asegurar sus cadenas de suministro y reforzar su influencia económica en una Argentina necesitada de inversiones. La Administración estadounidense financia proyectos de infraestructura y energía, como el de Gas Natural Licuado, que buscan acelerar la salida de materias primas hacia el Atlántico, consolidando un modelo extractivo funcional a sus intereses, no necesariamente a la soberanía plena de Argentina.

Esta estrategia de alineamiento del gobierno argentino con Estados Unidos e Israel —reflejada en gestos como el premio “Ohev Yisrael” recibido por Milei de una institución educativa judía en Queens— plantea una contradicción estratégica fundamental. ¿Es posible desafiar con éxito a un socio principalísimo del eje anglo-estadounidense, como es el Reino Unido, mientras se busca la condición de aliado estratégico de dicho eje? La historia sugiere que las potencias hegemónicas no suelen tolerar que sus socios menores desafíen los intereses de otros miembros clave de su red de alianzas.

La Cuestión Malvinas, por tanto, trasciende el diferendo bilateral. Es un espejo de la fragmentación y la falta de una acción exterior coordinada en la Hispanidad. Mientras Argentina eleva su reclamo, la respuesta del resto de naciones hispanoamericanas no pasa de un apoyo retórico y testimonial. No existe un bloque diplomático cohesionado que ejerza presión conjunta en foros internacionales, una pasividad que ha sido históricamente funcional a la perpetuación de enclaves coloniales. La causa de Malvinas, que es la causa de todo el continente contra los últimos vestigios de imperialismo, sigue dependiendo de la voluntad de un solo país, cuya estrategia actual de alineamiento con la Anglosfera podría, paradójicamente, limitar sus opciones a largo plazo.

Por qué importa a la Hispanidad

El caso Malvinas no es solo una disputa territorial argentina, sino un termómetro de la soberanía de toda Hispanoamérica. Mide la capacidad del mundo hispano para desafiar los últimos enclaves coloniales, gestionar sus propios recursos estratégicos y actuar con una sola voz en el escenario mundial, en lugar de someterse a los intereses de potencias ajenas.

Claves

  • 1Argentina endurece su reclamo de soberanía en la ONU, rompiendo con una estrategia de menor perfil.
  • 2Estados Unidos utiliza la Cuestión Malvinas como moneda de cambio con el Reino Unido, sin apoyar la descolonización.
  • 3El interés de Washington se centra en asegurar el acceso a los recursos naturales de Argentina, no en su integridad territorial.
  • 4La falta de una estrategia diplomática conjunta de los países hispanos debilita la posición de Argentina y del continente.

Fuentes consultadas