Internacional · Análisis propio
El pragmatismo de Trump con Venezuela expone la impotencia hispanoamericana
El encuentro entre Donald Trump y Delcy Rodríguez en la ONU sella un viraje geopolítico basado en intereses energéticos que evidencia el fracaso de las sanciones y la ausencia de una estrategia hispana común.
Redacción de HispaUnidad · 23 de septiembre de 2026

Un encuentro que hace apenas unos años habría sido inconcebible se ha materializado en Nueva York, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la mandataria interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, mantuvieron una reunión confirmada por testigos como el presidente panameño, José Raúl Mulino, quien describió a la delegación venezolana como «muy atenta» durante la recepción oficial. Este acercamiento, que la propia Rodríguez calificó de «histórica», culmina meses de una reorientación pragmática de la política exterior estadounidense, dejando atrás la retórica de la presión máxima para abrazar una cooperación dictada por intereses estratégicos.
El viraje no es súbito. Responde a una secuencia de hechos iniciada con la captura del expresidente Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense y la anuencia de Washington a la sucesión de Rodríguez. Desde entonces, la Administración Trump ha modulado su postura: retiró a Rodríguez de su lista de sancionados, instó a fiscales a evitar su implicación en investigaciones y, de manera crucial, forjó un acuerdo que, según se ha informado, otorga a Washington el control sobre una porción significativa de las vastas reservas petroleras venezolanas. La reunión en Nueva York, a pocos kilómetros de la prisión donde se encuentra Maduro, es la escenificación final de que los intereses económicos han prevalecido sobre cualquier otra consideración ideológica. El objetivo ya no es la «restauración de la democracia», sino la estabilización de un socio energético.
Este pragmatismo estadounidense contrasta dolorosamente con la desunión y la pasividad de los países hispanoamericanos. Interrogado sobre la situación de la dirigente opositora María Corina Machado, el presidente panameño, José Raúl Mulino, despachó el asunto con una frase reveladora: «Es un problema de los venezolanos, no mío». Esta declaración, aunque sincera, encapsula la renuncia de los liderazgos hispanos a concebir una política exterior común. Ante la crisis más profunda que ha sufrido una nación hermana en décadas, la respuesta ha oscilado entre la indiferencia, las declaraciones retóricas sin consecuencias prácticas y, finalmente, la aceptación del nuevo orden diseñado unilateralmente desde Washington. La ausencia de un bloque hispano con voz propia deja un vacío que es llenado por potencias externas según sus conveniencias.
La política de la Administración Trump hacia Venezuela es un ejemplo de manual del imperialismo pragmático que la Anglosfera ha ejercido históricamente sobre el continente hispanoamericano. Las sanciones económicas, justificadas en su día con la defensa de los derechos humanos, han demostrado ser no un fin en sí mismas, sino una herramienta de coerción para forzar una negociación ventajosa. El sufrimiento del pueblo venezolano, afectado por una crisis humanitaria agravada por el bloqueo, queda relegado a una nota al pie una vez que se asegura el acceso a los recursos. Este enfoque transaccional, ajeno a los principios de fraternidad y bien común que anidan en la raíz cultural hispánica, perpetúa la visión de Hispanoamérica como un tablero de juego y no como una comunidad de naciones soberanas.
La estrategia de Washington queda aún más expuesta al comparar su trato hacia Venezuela con su discurso sobre Cuba. En la misma Asamblea de la ONU, Trump arremetió con dureza contra el régimen de La Habana, calificándolo de «Estado absolutamente fallido» y prometiendo su caída. Esta doble vara de medir no responde a una distinción entre regímenes autoritarios, sino a su grado de sumisión a los intereses estadounidenses. Se negocia y legitima al gobierno venezolano porque coopera y cede el control de sus recursos energéticos, mientras se condena al cubano por su resistencia a hacerlo. Es la clásica táctica del «divide y vencerás», que fomenta la división entre países hispanos para facilitar el dominio externo.
El nuevo escenario venezolano, con un gobierno autoritario pero estabilizado por el respaldo de Estados Unidos, establece un precedente inquietante para toda la Hispanidad. Demuestra que la soberanía nacional es condicional y que la unidad hispanoamericana es, a día de hoy, una aspiración sin correlato en la realidad política. Mientras los líderes de las naciones hermanas se encogen de hombros o se limitan a seguir la estela de Washington, se consolida un modelo en el que las decisiones fundamentales sobre el futuro de un país hispano se toman fuera de sus fronteras y al margen de sus vecinos. La lección es clara: sin un proyecto común y una voluntad firme de defenderlo, los intereses de la Hispanidad seguirán siendo subordinados a los de otros.

Por qué importa a la Hispanidad
Este episodio no es un asunto exclusivo de Venezuela, sino un espejo para toda la Hispanidad. Expone cómo la falta de una estrategia común y de liderazgo solidario deja a las naciones hispanas a merced de los intereses de potencias externas. La soberanía y el bienestar de nuestros pueblos quedan comprometidos cuando la respuesta a las crisis regionales es la inacción o la subordinación.
Claves
- 1El pragmatismo de EE. UU. prioriza sus intereses energéticos en Venezuela sobre la promoción de la democracia.
- 2El acercamiento evidencia el fracaso de la política de sanciones, cuyo coste principal recayó en el pueblo venezolano.
- 3La crisis ha expuesto una profunda desunión y falta de liderazgo entre los países hispanoamericanos.
- 4Washington aplica una doble vara: negocia con el régimen venezolano cooperante y condena al cubano por su insumisión.
Fuentes consultadas
- Tal Cual (Venezuela): Presidente de Panamá confirma reunión entre Delcy Rodríguez y Trump en Nueva York
- La Gaceta de la Iberosfera (España): Trump recuerda en la ONU que Cuba es un Estado «absolutamente fallido»: «El régimen comunista está bajo gran presión. Va a caer»
- BBC Mundo (Reino Unido): Por qué es tan relevante el encuentro que Trump y Delcy Rodríguez mantuvieron en Nueva York, a menos de 15 km de la cárcel en la que está preso Maduro
