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Internacional · Análisis propio

El plan británico para balcanizar Hispanoamérica y su herencia de división

El historiador Marcelo Gullo Omodeo sostiene que la fragmentación del imperio español no fue un resultado natural, sino un proyecto geopolítico de Gran Bretaña para impedir el nacimiento de una gran potencia hispana. Un legado divisorio cuyas consecuencias perduran hasta hoy.

Redacción de HispaUnidad · 15 de septiembre de 2026

El plan británico para balcanizar Hispanoamérica y su herencia de división
Ilustración generada por HispaUnidad

La actual configuración del mapa político hispanoamericano, con su veintena de repúblicas, no es un producto del azar ni una consecuencia inevitable de las independencias. Según argumenta el académico argentino Marcelo Gullo Omodeo, responde a un calculado plan de la principal potencia del siglo XIX, Gran Bretaña, cuyo objetivo estratégico fue siempre la fragmentación de sus rivales para asegurar su hegemonía.

En su análisis de la política internacional, Gullo establece una regla fundamental: los estados poderosos prefieren negociar con "enanitos" antes que con otro gigante. Un conjunto de pequeñas naciones es más fácil de someter a los propios intereses comerciales y geopolíticos que un bloque unificado y fuerte. Esta máxima, según el autor, fue aplicada sistemáticamente por el Imperio Británico contra su principal competidor histórico: la Monarquía Hispánica.

El primer gran golpe a la unidad del orbe hispano, sostiene Gullo, se produjo en 1640. La secesión de Portugal, que puso fin a la Unión Ibérica vigente desde 1580, no habría sido una revuelta popular, sino una "acción encubierta" de la diplomacia inglesa. Al apoyar al Duque de Braganza para que se sublevara contra Felipe IV, Londres consiguió fracturar la Península y, por extensión, América del Sur. Brasil, hasta entonces parte del mismo imperio, quedó atado a un Portugal que, a su vez, se convirtió en un satélite de la política británica.

Esta misma lógica se aplicó con mayor intensidad durante el proceso de emancipación hispanoamericano a principios del siglo XIX. Mientras las trece colonias británicas en Norteamérica se unieron para formar un solo y poderoso estado, los Estados Unidos, los estrategas de Londres trabajaron para que en el sur ocurriera exactamente lo contrario. El temor a que los virreinatos españoles siguieran el ejemplo estadounidense y conformaran una o varias grandes naciones capaces de disputarles el poder mundial, activó la maquinaria británica.

El autor señala que el instrumento para ejecutar esta política de fragmentación fue, a menudo, la masonería, que funcionaba como un "órgano no oficial de la política exterior británica". A través de estas redes se promovió la división, apoyando a las élites locales cuyos intereses particulares se alineaban con los de Gran Bretaña.

El caso del Virreinato del Río de la Plata es paradigmático en la exposición de Gullo. La inmensa unidad territorial que comprendía las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, se vio inmersa en una guerra civil. Por un lado, un bando "hispánico", que abogaba por mantener la unidad del territorio tras la independencia. Por otro, una facción "anglófila" con base en el puerto de Buenos Aires, formada por antiguas familias contrabandistas que se habían enriquecido con el comercio ilegal con los ingleses. Este "poder angloporteño", como lo denomina Gullo, respondía a los intereses británicos y a su propia y mezquina lógica comercial: preferían un país pequeño que pudieran controlar para distribuir las mercancías inglesas, sin competir con otras élites portuarias del Pacífico.

El resultado, favorecido por el poderío británico, fue la desintegración del virreinato en cuatro estados diferentes. La balcanización estuvo a punto de ser aún mayor, pues se alentó la secesión de las provincias argentinas en catorce pequeños estados, un proceso que, según Gullo, fue frenado por la acción política de Juan Manuel de Rosas. Esta política de "divide y reinarás" no fue exclusiva contra la Hispanidad; el autor recuerda que Londres también apoyó a los estados secesionistas del sur en la Guerra Civil estadounidense, pues su modelo librecambista era funcional a la industria británica.

La tesis de Gullo obliga a una reflexión profunda sobre el presente. La fragmentación no es solo un hecho histórico, sino la raíz de una debilidad estructural que persiste. La impotencia de los países hispanos en el escenario global, su dependencia económica y su incapacidad para articular una voz común son la herencia directa de aquella división fomentada desde el exterior y aceptada por élites internas. La pasividad de los actuales líderes hispanoamericanos para revertir esta atomización y buscar vías de integración real no hace sino perpetuar un esquema diseñado para el beneficio de otros. Superar este legado es el principal desafío para que la Hispanidad deje de ser una colección de estados impotentes y se convierta en la potencia que su demografía, su cultura y su historia le reclaman.

Vídeo original en el que se basa este análisis

Por qué importa a la Hispanidad

Comprender la fragmentación de Hispanoamérica no como un destino inevitable, sino como el resultado de un plan deliberado, permite reevaluar las causas de nuestra debilidad actual. Esta perspectiva subraya la urgencia de superar las divisiones heredadas y construir un proyecto común para que la Hispanidad ocupe el lugar que le corresponde en el mundo.

Claves

  • 1Gran Bretaña aplicó una estrategia de 'dividir para reinar' para debilitar a su rival, la Monarquía Hispánica.
  • 2Según esta tesis, la secesión de Portugal en 1640 y la balcanización de los virreinatos fueron operaciones británicas.
  • 3Élites locales, como los comerciantes de Buenos Aires, colaboraron con el plan británico por intereses económicos particulares.
  • 4La desunión es el origen de la impotencia hispanoamericana, en contraste con la unión que dio poder a los Estados Unidos.

Fuentes consultadas