Internacional · Análisis propio
El fin del libre comercio: la Hispanidad ante la unidad o la sumisión
El colapso del consenso globalista abre una era de proteccionismo y bloques de poder. Para los países hispanos, este nuevo escenario representa un desafío existencial y una llamada urgente a la cooperación para no ser subyugados por las potencias imperiales.
Redacción de HispaUnidad · 5 de octubre de 2026

El orden económico que ha regido el mundo durante las últimas décadas, basado en el libre comercio y la globalización bajo la égida estadounidense, se está desmoronando. Este cambio no es una simple fluctuación de ciclo, sino un giro tectónico que, según analiza el economista político Richard Wolff, marca el ocaso del imperio americano y su modelo. Para la Hispanidad, esta transición abre un período de máxima incertidumbre, pero también de oportunidad histórica.
En un reciente análisis, Wolff argumenta que lo que presenciamos es la culminación de un proceso que se remonta a la era colonial europea. Aquellos imperios crearon una economía mundial, pero de una forma “horriblemente desigual”, concentrando la riqueza en Occidente y asignando al resto del planeta un rol subalterno. Tras las dos guerras mundiales, sostiene el economista, Estados Unidos heredó la totalidad de este sistema imperial, disfrutando de una prosperidad sin precedentes en la segunda mitad del siglo XX. Ahora, ese dominio se enfrenta a lo que Wolff denomina “la rebelión del imperio”: el ascenso de nuevas potencias y la revuelta del mundo que fue colonizado.
Este declive imperial, según la tesis de Wolff, no es un proceso pacífico ni ordenado. Se manifiesta en una profunda crisis interna en Estados Unidos y Europa, con una desigualdad de riqueza “casi obscena”, la búsqueda de chivos expiatorios y una parálisis política donde el Estado se convierte en un escenario para la “lucha entre gigantes”. Grupos de presión oligárquicos, como los complejos militar-industrial o médico-industrial, negocian directamente con el poder político para proteger sus beneficios a expensas del bien común y de la mayoría de la población.
Para los países hispanoamericanos, este análisis no es una abstracción teórica. El “libre comercio” nunca fue un campo de juego neutral; fue la doctrina económica que acompañó la hegemonía estadounidense. Ahora que Washington ya no puede competir en ese terreno con potencias como China, el modelo está cambiando. Como señala el entrevistador de Wolff, Glenn Diesen, la política exterior de EE. UU. se vuelve más explícitamente imperial y coercitiva, buscando crear “esferas de influencia exclusivas” y exigir tributo. Los intentos de controlar los recursos de Venezuela, la fantasía de comprar Groenlandia o la presión para que Europa se desacople de Rusia y China son síntomas de esta nueva lógica: si no se puede dominar a través del mercado, se dominará por la fuerza y la dependencia directa.
Hispanoamérica se encuentra en el epicentro de esta peligrosa transición. Sus economías, en muchos casos estructuradas como exportadoras de materias primas para servir a ese orden global ahora en crisis, son especialmente vulnerables. La región corre el riesgo de convertirse en el campo de batalla de la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China, con ambas potencias buscando asegurarse recursos y lealtades. La Doctrina Monroe, nunca del todo extinta, amenaza con resurgir con una crudeza renovada, viendo al continente no como un conjunto de socios, sino como un tablero de ajedrez para sus intereses estratégicos.
Ante esta realidad, la pasividad y la desunión de los liderazgos hispanos resultan alarmantes. Mientras el mundo se reconfigura en grandes bloques geopolíticos, el proyecto de una mayor integración hispanoamericana permanece estancado, fragmentado por disputas ideológicas menores y la falta de visión estratégica. Los mecanismos de cooperación existentes, como Mercosur o la Alianza del Pacífico, operan muy por debajo de su potencial, incapaces de articular una voz unificada y una defensa coordinada de los intereses comunes de casi 600 millones de hispanohablantes.
La crisis del orden liberal no tiene por qué ser una condena. Es, sobre todo, un llamado a la madurez y a la acción. El repliegue de las potencias anglosajonas y el fin de sus certezas ideológicas abren un espacio para que la comunidad hispana recupere la soberanía sobre su destino. Construir una mayor autonomía económica, fortalecer las cadenas de valor regionales y coordinar las políticas exteriores no es una opción utópica, sino una necesidad pragmática para la supervivencia. El dilema para la Hispanidad es claro: o se avanza con decisión hacia un proyecto de unidad y bien común, o cada nación, por separado, quedará sometida a los designios y tributos de los nuevos imperios.

Por qué importa a la Hispanidad
El fin del orden global liderado por Estados Unidos pone en riesgo directo la soberanía y la prosperidad de las 20 naciones hispanas. La nueva era de proteccionismo y competencia entre bloques exige una respuesta coordinada. Ignorar este cambio de paradigma condena a la Hispanidad a la irrelevancia y a la sumisión neocolonial.
Claves
- 1El modelo de libre comercio, pilar de la hegemonía estadounidense, ha colapsado, dando paso a una era de proteccionismo y bloques de poder.
- 2Estados Unidos transita hacia una política exterior más coercitiva, buscando esferas de influencia exclusivas que amenazan directamente la autonomía de Hispanoamérica.
- 3La crisis global es una oportunidad para que los países hispanos superen su fragmentación y construyan un bloque regional con peso propio.
- 4La inacción de los líderes hispanos ante la necesidad de unidad agrava la vulnerabilidad de la región en este nuevo y peligroso escenario mundial.
