Hispanoamérica · Análisis propio
El deshielo andino: Chile y Bolivia aparcan su herida marítima por la cooperación
En una histórica visita a La Paz, la primera en 71 años, los presidentes de Chile y Bolivia firman acuerdos económicos y de infraestructura, optando por un pragmatismo que deja en suspenso la centenaria disputa por el acceso al mar.
Redacción de HispaUnidad · 17 de octubre de 2026

Un gesto de profundo calado histórico ha roto siete décadas de distancia. El presidente de Chile, José Antonio Kast, ha realizado una visita oficial de Estado a su homólogo boliviano, Rodrigo Paz, en La Paz. Se trata del primer encuentro de esta naturaleza en 71 años, desde que en 1955 se reunieran Carlos Ibáñez del Campo y Víctor Paz Estenssoro, un hito que busca reorientar una de las relaciones bilaterales más complejas de Hispanoamérica.
Ambos mandatarios han optado por una solución pragmática: reconocer sus diferencias sin permitir que estas impidan la cooperación. El presidente Paz fue claro al afirmar que “Bolivia no renuncia a su historia” ni a su “reivindicación marítima”, la cual calificó de “objetivo permanente e irrenunciable”. Por su parte, el presidente Kast reconoció que las “diferencias existen, son históricas”, pero que estas no pueden ser “excusas para estar paralizados”. Chile considera la cuestión zanjada tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de 2018, que no le obliga a negociar una salida soberana al mar para Bolivia.
El núcleo del acercamiento reside en una serie de acuerdos que priorizan el bien común y el desarrollo material de ambos pueblos. Se firmaron memorandos para un “Corredor Bioceánico de Fibra Óptica”, un proyecto de notable valor estratégico para la soberanía digital hispanoamericana; un plan de “integración energética” para la interconexión eléctrica; y cooperación técnica en minería. Adicionalmente, se acordó modernizar el Acuerdo de Complementación Económica (ACE-22) de 1993 para dinamizar el comercio y las inversiones.
Este pragmatismo se enfrenta a una herida abierta desde la Guerra del Pacífico (1879-1884), que costó a Bolivia su litoral. Las relaciones diplomáticas a nivel de embajadores están rotas desde 1962, con un breve paréntesis en los años setenta. La tensión alcanzó un punto álgido en 2013, cuando el gobierno de Evo Morales llevó el caso a la CIJ de La Haya, cuyo fallo de 2018, si bien adverso a las tesis bolivianas, no impidió la posibilidad de un futuro diálogo, como recordaron ambas partes.
El deshielo no está exento de críticas internas. El expresidente Morales calificó el diálogo sin la cuestión marítima como una “traición a la patria”. En el otro extremo, el exdiplomático boliviano Jaime Aparicio acusó a Morales de haber “sepultado” la aspiración marítima con su “desastrosa” estrategia judicial en La Haya. Estas voces reflejan la profunda división que el asunto genera en la sociedad boliviana.
Este episodio, aunque positivo, es un espejo de las limitaciones de la integración hispanoamericana. El avance se produce mediante la elusión del conflicto de fondo, no su resolución. Es un modelo de coexistencia funcional, pero no de hermandad plena. La pasividad de las élites políticas del continente para sanar las heridas históricas, como esta o las que persisten entre otros países hermanos, sigue siendo el principal obstáculo para una unidad más profunda que la meramente comercial. La pregunta para toda la Hispanidad es si el pragmatismo económico puede ser la antesala de una reconciliación genuina o si solo sirve para gestionar indefinidamente las fracturas del pasado.
Como recordatorio de que los problemas reales persisten más allá de los despachos presidenciales, el presidente Paz abordó con Kast el conflicto de las 1.080 toneladas de madera boliviana de exportación decomisadas en Chile bajo acusaciones de narcotráfico nunca probadas fehacientemente. El mandatario boliviano pidió gestionar un asunto que ha causado “mucho daño” a empresas y familias. El silencio de la delegación chilena sobre este punto en sus comunicaciones públicas evidencia la distancia que aún separa la retórica de la cooperación de la justicia en los intercambios cotidianos entre ambos pueblos.

Por qué importa a la Hispanidad
Este acercamiento es un laboratorio para toda la Hispanidad. Demuestra la tensión entre las soberanías nacionales con sus legítimas reivindicaciones históricas y la necesidad imperiosa de cooperación económica y estratégica. El caso de Chile y Bolivia pone a prueba si los intereses comunes pueden superar las heridas del pasado para construir un futuro compartido, un desafío que atañe a todo el continente hispanoamericano.
Claves
- 1Chile y Bolivia celebran la primera visita de Estado bilateral en 71 años para normalizar relaciones.
- 2Ambos países priorizan acuerdos en energía, infraestructura digital y comercio, aparcando la disputa marítima.
- 3El fallo de la Corte de La Haya de 2018 sigue siendo el principal punto de desencuentro jurídico.
- 4El pragmatismo actual evidencia la dificultad de la Hispanidad para resolver sus conflictos históricos de fondo.
