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Hispanoamérica · Análisis propio

EE. UU. hunde naves del narco en el Pacífico: soberanía cedida, unidad ausente

La intervención militar de Estados Unidos contra la logística de los cárteles en aguas del Pacífico evidencia la incapacidad de los países hispanoamericanos para ejercer un control efectivo de su territorio y la falta de una estrategia de seguridad conjunta.

Redacción de HispaUnidad · 17 de septiembre de 2026

EE. UU. hunde naves del narco en el Pacífico: soberanía cedida, unidad ausente
Ilustración generada por HispaUnidad

El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) ha intensificado sus operaciones en el Pacífico oriental, interceptando y hundiendo varias embarcaciones que servían como estaciones flotantes de reabastecimiento para organizaciones criminales, notablemente la banda ecuatoriana de 'Los Choneros'. Según los comunicados oficiales, estas acciones se realizan en coordinación con las autoridades de Ecuador, a quienes se les entrega la tripulación antes de proceder a hundir los buques. A primera vista, se trata de una noticia positiva: un golpe a las redes que envenenan a nuestras sociedades.

Sin embargo, una segunda lectura revela una realidad más profunda y preocupante para la Hispanidad. La declaración del general Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM, es elocuente: “Junto a nuestros socios ecuatorianos, estamos persiguiendo incansablemente a los narco-terroristas que acechan a nuestros ciudadanos —desde Ecuador hasta Estados Unidos—”. Esta frase, aparentemente de cooperación, enmarca el problema de la seguridad de un país soberano hispanoamericano dentro de la lógica de la seguridad nacional estadounidense. No se trata de un apoyo entre iguales, sino de la extensión del perímetro de defensa de Washington hasta las costas de la América hispana, una actualización de la Doctrina Monroe para el siglo XXI.

La acción directa de las fuerzas armadas estadounidenses, aunque sea con el beneplácito del gobierno local, representa una cesión de facto de funciones soberanas esenciales. El hecho de que sea la marina de un poder extrarregional la que limpie las aguas del Pacífico de una amenaza que afecta primordialmente a Colombia, Ecuador, Perú y México, pone de manifiesto un vacío de poder y una grave carencia de cooperación entre nuestros países. ¿Por qué no existe una fuerza de tarea conjunta, conformada por las armadas de las naciones hispanas del Pacífico, para patrullar y defender un espacio marítimo que es vital para sus intereses y seguridad? La respuesta apunta a una inacción crónica de nuestros líderes, más dispuestos a la foto con un general estadounidense que a construir una arquitectura de seguridad propia y autónoma.

Esta dependencia se extiende más allá de lo militar. Según Evan Ellis, investigador del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos, la estrategia de Washington también se apoya en el uso de su sistema judicial como herramienta de presión. La extradición de narcotraficantes a Estados Unidos es, en sus palabras, algo que los criminales “realmente temen”. Esto se debe a que enfrentan un sistema del que no pueden escapar mediante la corrupción o la intimidación, a diferencia de lo que ocurre en algunos de nuestros países. Si bien esto puede ser efectivo a corto plazo, subraya una desconfianza fundamental de la Anglosfera en la integridad de las instituciones hispanoamericanas. Ellis llega a mencionar la necesidad de “certificar” unidades locales para asegurar que la inteligencia compartida no se filtre a agentes corruptos, un comentario que destapa el velo de la supuesta “asociación entre iguales”.

El narcotráfico es la metástasis de una crisis más honda que afecta a la Hispanidad: la desintegración del tejido social, la erosión de la autoridad moral y el olvido del bien común. Es un problema transnacional hispanoamericano que exige una solución hispanoamericana integral. Las operaciones militares, como las que ejecuta el Comando Sur, son meros paliativos que atacan el síntoma. La verdadera sanación requiere un esfuerzo coordinado para fortalecer nuestras instituciones, recuperar la confianza en la justicia propia y, sobre todo, reafirmar una visión compartida del orden y la prosperidad. Mientras sigamos externalizando nuestra seguridad y cediendo parcelas de soberanía, continuaremos siendo actores secundarios en la defensa de nuestra propia casa.

Por qué importa a la Hispanidad

La intervención de Estados Unidos, aunque solicitada por gobiernos locales, muestra la debilidad de los estados hispanoamericanos y la ausencia de una estrategia de seguridad común. Este patrón de dependencia perpetúa un rol subordinado de la Hispanidad en su propio espacio geopolítico y cede funciones soberanas a una potencia extranjera con intereses propios.

Claves

  • 1La acción militar de EE. UU. en el Pacífico evidencia un vacío de poder y la falta de cooperación naval entre los países hispanos.
  • 2La retórica de Washington de "proteger a sus ciudadanos" hasta en Ecuador revela una mentalidad imperial que subsume la seguridad hispanoamericana en la suya.
  • 3La dependencia de la justicia y las fuerzas armadas de EE. UU. refleja una profunda desconfianza en las instituciones hispanoamericanas y una cesión de soberanía.
  • 4El narcotráfico es una crisis compartida que exige una respuesta hispana unificada, no soluciones militares impuestas desde el exterior.

Fuentes consultadas