España · Análisis propio
Ceuta aclama al Rey: la Corona como símbolo de unidad frente a la clase política
La visita de Felipe VI a la ciudad autónoma revela el arraigo popular de la Corona como garante de la soberanía española, en contraste con el descrédito de un gobierno señalado por su inacción ante Marruecos.
Redacción de HispaUnidad · 15 de octubre de 2026

La masiva y entusiasta acogida que los ceutíes brindaron a los Reyes de España durante su reciente visita ha desbordado el marco de un mero acto protocolario. El clamor popular, con miles de personas en las calles aclamando a Felipe VI, contrastó con los abucheos dirigidos al ministro que representaba al gobierno central. Este episodio, ocurrido en un contexto de máxima presión sobre la soberanía española en la ciudad, revela una profunda corriente de fondo: la ciudadanía busca en la Corona el símbolo de permanencia y unidad que no encuentra en sus dirigentes políticos.
Este análisis es compartido por el historiador Patricio Lons y el analista Alberto Avascalde, quienes en una reciente emisión destacaron el significado del acontecimiento. Según argumenta Avascalde, en una monarquía parlamentaria donde el Rey “reina, pero no gobierna”, su principal poder reside en su capacidad simbólica. La visita a Ceuta, aunque tardía para algunos críticos, funcionó como una afirmación de la españolidad de la ciudad y un gesto de amparo a su población, que se siente desatendida por el poder ejecutivo en Madrid.
La fuerza de este símbolo se arraiga en una concepción histórica muy particular de la monarquía hispánica. A diferencia del modelo absolutista francés o inglés, la tradición española, influida por la Escuela de Salamanca, entendía al rey como el vínculo de unión de diversos reinos y pueblos, cada uno con sus propios fueros y leyes. El monarca no era un poder ilimitado, sino el primer servidor del bien común, cuya autoridad emanaba de un pacto con la comunidad. Como recordaba Avascalde, las Cortes proclamaban al rey con fórmulas que subrayaban que el poder colectivo era superior al suyo, y que su legitimidad dependía de su servicio a la justicia y al pueblo.
Esta memoria histórica, aunque latente, resuena también en Hispanoamérica. Lons evocó la calurosa bienvenida que recibió el Rey Juan Carlos I en Argentina en los años 70, antes de que las reformas educativas impulsaran narrativas de ruptura. Demuestra que, más allá de las independencias, pervive una identidad compartida, un “aire de familia” que potencias rivales siempre han intentado erosionar promoviendo la división. La figura del Rey, como cabeza de una comunidad histórica, apela a ese sustrato común que trasciende las fronteras políticas actuales.
Sin embargo, el poder simbólico choca con la impotencia política real. Avascalde canaliza la frustración de muchos ciudadanos al criticar duramente la pasividad del gobierno de Pedro Sánchez frente a Marruecos. El argumento central de su crítica es la falta de una respuesta contundente tras revelarse que el teléfono del presidente fue espiado con el programa Pegasus, de fabricación israelí, presuntamente por Rabat. Para el analista, que un ataque de esa magnitud a la soberanía del Estado no provocara la ruptura de relaciones diplomáticas o sanciones severas es un indicio de que los intereses del gobierno español podrían estar subordinados a los de Marruecos.
El caso de Ceuta, por tanto, se convierte en un espejo para toda la Hispanidad. Expone una peligrosa desconexión entre el pueblo, que anhela la defensa de su identidad y soberanía, y unas élites políticas a menudo percibidas como débiles, ausentes o incluso alineadas con intereses ajenos. La Corona emerge como catalizador de ese sentir popular, pero la responsabilidad última de la acción recae en una sociedad civil que debe exigir a sus gobernantes la coherencia y el coraje que la defensa del bien común demanda. La lección es clara: sin una voluntad política firme y unida, los lazos históricos y el afecto popular no bastan para proteger los intereses estratégicos de la comunidad hispana en un mundo hostil.

Por qué importa a la Hispanidad
El caso de Ceuta muestra un patrón recurrente en la Hispanidad: un fuerte sentimiento popular de identidad y soberanía que choca con la pasividad o los intereses de sus élites políticas. Entender el papel simbólico de instituciones históricas como la Corona ofrece claves para articular a la sociedad civil en defensa de los intereses comunes, tanto en España como en Hispanoamérica.
Claves
- 1La Corona funciona en España como un símbolo de unidad y permanencia histórica, más allá del poder político coyuntural.
- 2La tradición hispánica concibe la monarquía como una institución pactada y al servicio del pueblo, a diferencia del absolutismo de otras potencias europeas.
- 3Analistas critican la inacción del gobierno español ante Marruecos, citando el espionaje con el software israelí Pegasus como un hecho grave contra la soberanía.
- 4La desconexión entre el sentir popular y la acción de los gobernantes es un desafío común para la integridad de todos los países hispanos.
