Internacional · Análisis propio
Argentina y el espejo de su hispanidad: el debate sobre la Conquista
El historiador Patricio Lons desafía en la televisión argentina el relato de la leyenda negra, proponiendo una relectura de la herencia española como factor de unificación continental y progreso material y espiritual.
Redacción de HispaUnidad · 17 de octubre de 2026

El debate sobre el legado de España en América es una fractura recurrente en la memoria colectiva de Argentina y del resto de naciones hispanas. En este escenario a menudo polarizado, el historiador argentino Patricio Lons ha intervenido públicamente para proponer una narrativa que se aleja de la condena indigenista y de la idealización acrítica, buscando explicar la génesis de una civilización. Según argumenta Lons, el continente americano antes de 1492 no poseía una "conciencia de ser un continente", sino que era un vasto territorio habitado por unas dos mil tribus dispersas y aisladas que no se conocían entre sí.
Uno de los pilares de su argumentación es el papel de la lengua. Lons sostiene que una de las mayores aportaciones de los misioneros españoles fue dotar de escritura a lenguas que hasta entonces eran exclusivamente orales. Frailes franciscanos, dominicos y jesuitas, explica, no solo aprendieron los idiomas locales para evangelizar, sino que crearon las primeras gramáticas. "La primera gramática del mundo fue la castellana, la segunda fue la náhuatl, creo que la tercera la quechua, y recién después aparecen las gramáticas europeas", afirma. Este esfuerzo no solo preservó un valioso patrimonio lingüístico, sino que permitió fijar la historia y las tradiciones de muchos pueblos. Al mismo tiempo, el español se convirtió en una lengua franca que, por primera vez, permitió la comunicación, el comercio y el entendimiento entre pueblos que habían vivido de espaldas los unos de los otros.
Lons refuta la idea de un expolio sistemático como único motor de la presencia española. Subraya la introducción de avances técnicos que transformaron la vida cotidiana, como el arado, los animales de tiro y de carga o el concepto de moneda, que dinamizaron economías de trueque. En el plano espiritual, argumenta que el catolicismo ofrecía una cosmovisión radicalmente nueva y atractiva: un Dios que no exigía sacrificios humanos y que, a través de la figura de la Virgen María, otorgaba un lugar central a la maternidad, algo que, según él, tuvo una profunda acogida entre las mujeres indígenas.
Frente a la acusación de genocidio, que califica de "mito", Lons opone dos realidades verificables: el "choque vírico" —un fenómeno bidireccional que afectó tanto a europeos como a americanos en una era sin conocimientos de microbiología— y el mestizaje. "Salvo Buenos Aires, un poco de Argentina y Montevideo, el continente es un continente mestizo", señala, lo que contradice la idea de una política deliberada de exterminio racial. Además, destaca la creación de una vasta red de instituciones, con cerca de mil hospitales y decenas de universidades en toda la América hispana y Filipinas. Estas universidades formaron a élites indígenas que aprendieron a leer y escribir en su lengua, en español e incluso en latín, y que utilizaron el propio sistema legal hispano para defender sus derechos. Lons recuerda que el emperador Carlos V llegó a detener la conquista para someterla a un profundo debate moral en la Controversia de Valladolid, un hecho sin parangón en otros imperios. Lons lo contrasta con el modelo colonial británico, al que describe como puramente depredador y carente de cualquier cuestionamiento moral sobre sus actos.
Finalmente, el historiador introduce una distinción terminológica clave: habla de "secesión" en lugar de "independencia". Su tesis es que las naciones hispanoamericanas no podían independizarse de algo que no existía previamente como unidad política. Fue España, argumenta, la que unificó el continente bajo una misma lengua, una misma fe y una misma ley, creando una entidad política que vivió tres siglos de paz interna. Según Lons, los grandes conflictos bélicos del continente (la guerra de Estados Unidos contra México, la Guerra del Pacífico, la del Chaco, etc.) son todos posteriores a la fragmentación de esa unidad. Este análisis invita a reflexionar sobre si las divisiones actuales no son, en parte, el resultado de haber olvidado esa matriz común, una desmemoria que los liderazgos políticos de la región no han sabido o no han querido contrarrestar con un proyecto de reencuentro.

Por qué importa a la Hispanidad
La interpretación del pasado virreinal es la clave de bóveda de la identidad hispanoamericana. Un relato anclado exclusivamente en el conflicto y la leyenda negra dificulta la construcción de un proyecto común, mientras que una memoria compartida, que no niega las tensiones pero reconoce la matriz civilizatoria, es indispensable para la unidad.
Claves
- 1Antes de 1492, Hispanoamérica no era una unidad, sino un mosaico de miles de tribus aisladas sin conciencia continental.
- 2Los misioneros españoles crearon las primeras gramáticas de lenguas indígenas, preservándolas y dotándolas de escritura.
- 3El sistema hispánico creó universidades y hospitales y permitió que los indígenas educados denunciaran abusos ante la Corona.
- 4El periodo virreinal fue de paz interna, en contraste con las guerras entre naciones hispanoamericanas tras la secesión.
